Alimentación0–12 meses

Leche de fórmula: ¿de inicio, de continuación o HA?

La estantería está llena, pero la elección es mucho más simple: qué significan inicio (tipo 1), continuación (tipo 2) y HA, y por qué la leche de inicio basta para todo el primer año.

34 min de lectura

Estás delante de la estantería de la leche para bebés, tu bebé duerme en el portabebés y en los envases lees: 1, 2, 3, HA, AR, «con HMO», «especialmente saciante». Y tú, en realidad, solo quieres saber qué paquete debe ir al carrito. La buena noticia es esta: la elección es mucho más pequeña de lo que parece la estantería. Aquí te explicamos qué significan esos números y letras, qué tipo necesita de verdad tu bebé y cuáles puedes dejar tranquilamente donde están.

Lo esencial de un vistazo

Leche de inicio
todo el 1.er año
Inicio con almidón
opcional
Continuación (2 y 3)
no hacen falta
HA contra alergias
no demostrado

Sin sentirte culpable

Puede que hayas elegido el biberón a conciencia. Puede que la lactancia no saliera, no fuera suficiente o no fuera posible por motivos de salud. Puede que des pecho y también suplemento. Cualquiera de estos caminos está bien y merece buena información, no comentarios desde el banco del parque.

Sí, la leche materna es el alimento natural del bebé, y ningún polvo la reproduce por completo. Pero también es cierto esto: con una leche de fórmula infantil elaborada según la normativa, tu bebé quedará satisfecho y crecerá bien. La cercanía nace en tus brazos, en vuestra mirada, en tu voz, con cada biberón. Y el «aviso importante» sobre la lactancia que aparece en cada envase de fórmula de inicio es una mención legal obligatoria, no un juicio sobre ti.

Si das pecho y suplemento, la regla general es: primero el pecho y después el biberón. Si quieres mantener abierta la puerta a seguir amamantando, conviene pensar en algo antes: cada biberón que sustituye una toma de pecho puede reducir la producción de leche. Si vas a reemplazar tomas, mejor hacerlo poco a poco: así tu cuerpo tiene tiempo para adaptarse y es menos probable que tengas los pechos muy llenos y doloridos. Volver más adelante a dar más pecho no siempre es fácil, pero a menudo merece la pena intentarlo: con mucho contacto piel con piel, ofreciendo el pecho a menudo y extrayendo leche con regularidad. Si te apetece, puedes buscar apoyo en tu matrona del centro de salud o en un grupo de apoyo a la lactancia.

Qué regula la ley

La leche de fórmula infantil está sujeta en la UE a normas estrictas y a controles rigurosos. La normativa europea actual se aplica desde febrero de 2020 y, en el caso de las fórmulas con proteína hidrolizada, desde febrero de 2021. Establece la cantidad mínima y máxima de proteínas, grasas, hidratos de carbono, vitaminas y minerales. Esto te ayuda al comprar:

  • La misma base nutricional: toda fórmula infantil tiene, independientemente de la marca o del precio, una composición nutricional fijada por ley. El envase caro no es mejor.

  • El DHA es obligatorio: el ácido graso omega‑3 DHA debe estar presente en toda fórmula de inicio y de continuación. Así que «con DHA» no tiene nada de especial.

  • Límites muy estrictos: para los residuos de fitosanitarios rige un máximo de 0,01 mg por kilogramo y por sustancia activa; algunas sustancias están completamente prohibidas en el cultivo de los ingredientes, tanto en fórmulas ecológicas como en las convencionales.

  • Sin promesas de salud: en las fórmulas de inicio están prohibidas las declaraciones nutricionales y de propiedades saludables, igual que palabras como «humanizada» o «adaptada».

  • Denominación clara: en la fórmula desde el nacimiento aparece «fórmula de inicio» o «leche infantil», y en las 2 y 3, «fórmula de continuación» o «leche de continuación», junto con la indicación de que están pensadas solo para bebés mayores de seis meses.

La publicidad también está limitada: en la fórmula de inicio están prohibidas las promociones con descuento y las muestras gratuitas para familias. Por eso, la publicidad que ves suele referirse a las 2, las 3 o a la leche para niños pequeños.

¿Y los extras? Las bacterias probióticas añadidas o fibras como GOS y FOS no tienen un beneficio claramente demostrado en bebés sanos. Los «HMO» de algunas fórmulas son azúcares concretos producidos artificialmente; la leche materna contiene más de cien distintos. La comisión de nutrición de la sociedad alemana de pediatría no ve un problema de seguridad, pero tampoco un beneficio probado, y considera inadecuada la publicidad con ese término. En resumen: los extras no perjudican, pero no tienes por qué pagarlos.

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La leche de inicio basta para todo el año

Si te quedas solo con una idea de este artículo, que sea esta: para un bebé sano basta una leche de inicio (tipo 1). Desde el primer biberón hasta el día en que tu hijo o hija beba leche en vaso, no necesita otro tipo.

Las leches de inicio cuyo único hidrato de carbono es la lactosa son las más parecidas a la leche materna. Su contenido de proteínas está ajustado al de la leche materna y, como único hidrato de carbono, contienen lactosa, igual que la leche materna. Como no llevan almidón, son más líquidas. Se dan a demanda: cuando tu bebé muestra hambre, a un ritmo tranquilo, hasta que da señales de estar saciado. No todo llanto significa hambre.

Si en algún momento entre el comienzo del quinto mes y el comienzo del séptimo empieza la alimentación complementaria, puedes seguir simplemente con la leche de inicio. No hace falta pasar a una fórmula de continuación: en eso coinciden las recomendaciones alemanas y el servicio de salud británico.

La leche de inicio existe en polvo y lista para tomar en botella. Ambas cumplen las mismas normas. La fórmula líquida se envasa de forma estéril y resulta práctica fuera de casa, pero cuesta más y, una vez abierta, debe consumirse antes. El plazo viene indicado en el envase.

Leche de inicio con almidón: algo más espesa

Algunas leches de inicio llevan, además de lactosa, otros hidratos de carbono, normalmente algo de almidón; en Alemania se venden como «1», aparte de la «Pre». También son adecuadas desde el nacimiento hasta el final del primer año. Por el almidón son un poco más espesas y se consideran más saciantes.

¿La necesitas? Normalmente no. Si tu bebé toma bien una leche de inicio sin almidón, crece bien y está contento, no hay motivo para cambiar. No hay pruebas de que los bebés estén más tranquilos o duerman más horas por la noche con una leche más saciante. Pero tampoco haces nada mal si usas una con almidón: también puede darse a demanda.

Como la leche con almidón es algo más espesa, a menudo va mejor una tetina con orificio mediano. Si el orificio es demasiado pequeño, tu bebé tiene que esforzarse mucho y quizá beba menos de lo que necesita. Si es demasiado grande, la leche sale demasiado rápido y le será más fácil atragantarse o regurgitar más.

Fórmulas de continuación: no hacen falta

Los números de los envases suenan a una escalera que hay que subir peldaño a peldaño. No lo es. La fórmula de continuación, normalmente marcada con «2» o «3», es una categoría propia: para bebés mayores de seis meses y solo como parte de una alimentación mixta con alimentación complementaria. Antes de eso no debe ir en el biberón.

Se parece a la fórmula de inicio, pero contiene más hierro. Eso no hace necesario el cambio: el aumento de las necesidades de hierro en la segunda mitad del primer año se cubre sobre todo con una alimentación complementaria rica en hierro, por ejemplo con un puré de verduras con carne. Las recomendaciones alemanas lo dicen claro: el cambio puede hacerse, pero no es obligatorio. Si aun así cambias después de empezar con la alimentación complementaria, fíjate bien al volver a comprar: la 1 y la 2 de la misma gama suelen parecerse muchísimo.

Después del primer cumpleaños aparecen la «leche para niños pequeños», la «leche de crecimiento» o la «junior». La Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria no ve que estos productos tengan un papel especial en la nutrición de los niños pequeños, el organismo alemán de evaluación de riesgos los considera innecesarios y también los pediatras en España los ven innecesarios. Hacia el final del primer año tu hijo o hija ya puede tomar leche de vaca normal, pasteurizada o UHT, mejor en vaso o taza durante las comidas.

El envase más caro de la estantería no es el mejor; solo es el más caro.

La fórmula HA hoy

HA significaba antes «hipoalergénica». En estas fórmulas, la proteína de la leche de vaca está parcialmente fragmentada (parcialmente hidrolizada). La idea era que fragmentos más pequeños de proteína irritaran menos al sistema inmunitario y protegieran a los bebés con antecedentes familiares de alergia. Durante mucho tiempo, por eso se recomendó la fórmula parcialmente hidrolizada (la llamada HA) a los bebés no amamantados con mayor riesgo de alergia.

Esa recomendación ya no se mantiene así. Al revisarse en 2022 la guía alemana de prevención de alergias, los estudios dejaron de ser suficientes para sostenerla. Desde entonces, para los bebés con mayor riesgo de alergia que no reciben pecho o no lo reciben de forma exclusiva, la recomendación es comprobar si existe una fórmula infantil con efecto preventivo de la alergia demostrado. «Demostrado» significa: probado en estudios y confirmado por la Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria. Solo entonces un fabricante puede anunciarlo. Según las recomendaciones alemanas (actualizadas por última vez en 2024 y revisadas en septiembre de 2026), esa fórmula no existe. La guía está vigente hasta finales de 2026; una nueva versión podría cambiarlo. Hoy, «HA» suele significar «fórmula de inicio hidrolizada» o «fórmula de continuación hidrolizada».

¿Qué significa esto para ti?

  • Tu bebé tiene mayor riesgo de alergia si al menos uno de los progenitores o un hermano o hermana tiene asma, fiebre del heno, dermatitis atópica o una alergia alimentaria. Eso no significa que tu bebé vaya a desarrollar una alergia.

  • Puedes elegir libremente: incluso si hay alergias en la familia, con la información actual puedes usar cualquier fórmula de inicio, con o sin almidón, o HA. Como la oferta puede cambiar, merece la pena preguntar en la próxima revisión del niño sano si ya existe alguna fórmula con efecto confirmado.

  • La HA no perjudica: las fórmulas HA son seguras y cumplen las mismas normas que cualquier otra fórmula infantil. Eso sí, tienen un sabor más amargo y cuestan más. No está demostrado que sean más fáciles de digerir.

  • La HA no es un tratamiento para la alergia: si tu bebé tiene una alergia a la proteína de la leche de vaca diagnosticada por un profesional, la fórmula HA no sirve. En ese caso necesita una fórmula especial terapéutica; te lo contamos en el siguiente apartado.

Lo que recomiendan los especialistas para prevenir alergias no es nada espectacular: una casa sin humo, no incorporar un gato nuevo si en la familia hay alergias y seguir las recomendaciones oficiales de vacunación. A eso se suma una alimentación complementaria variada, en la que no se eviten a propósito posibles alérgenos como el huevo, la leche o el trigo. El huevo, eso sí, siempre bien cocinado, por ejemplo duro o al horno, nunca crudo ni poco hecho. La leche de cabra, oveja o yegua y las bebidas vegetales no protegen frente a las alergias.

Fórmulas especiales, solo con consejo médico

Las fórmulas especiales suelen ser «alimentos para usos médicos especiales». Solo deben darse por recomendación médica y con seguimiento médico. Porque detrás de regurgitar, tener gases o llorar mucho a menudo no hay nada grave, pero a veces sí puede haber una intolerancia, un trastorno metabólico o una enfermedad por reflujo que necesita un tratamiento concreto. Por eso, la pregunta debe ir primero a tu pediatra y después a la estantería.

  • Fórmula AR (antirreflujo): está espesada para que la leche permanezca mejor en el estómago. Pero regurgitar es muy frecuente en los bebés y casi siempre es inofensivo: si tu bebé está contento y gana peso bien, por lo general no necesita otra leche. La fórmula espesada puede plantearse si una médica diagnostica una enfermedad por reflujo que requiere tratamiento. En ese caso la preparas exactamente como indica el envase, porque las instrucciones a veces cambian.

  • Fórmula sin lactosa o baja en lactosa: una verdadera intolerancia a la lactosa es rara en los bebés, y los gases por sí solos no son motivo para cambiar. Si una fórmula no basada en soja indica «sin lactosa», al lado debe figurar que no es adecuada en la rara enfermedad metabólica llamada galactosemia.

  • Fórmula a base de soja: su proteína procede de la soja y, en Alemania, es sin lactosa. Por su alto contenido en hormonas vegetales (fitoestrógenos), solo debe darse si hay un motivo de peso y tras consultarlo con la pediatra, por ejemplo en caso de galactosemia o si vuestra familia es vegana. No sirve para prevenir alergias. En caso de alergia a la proteína de la leche de vaca no es la primera opción y, si se usa, suele valorarse solo a partir de aproximadamente los seis meses.

  • Fórmula terapéutica especial para la alergia a la proteína de la leche de vaca: si la alergia está diagnosticada médicamente, existen fórmulas con la proteína muy fragmentada o a base de aminoácidos que la pediatra puede prescribir. Aquí la fórmula HA y la de leche de cabra no son una alternativa, y una fórmula sin lactosa a base de leche de vaca sigue conteniendo proteína de leche de vaca. Ojo con nombres comerciales que suenan a «terapéuticos»: en las tiendas suelen ser fórmulas para la diarrea y contienen proteína normal de leche de vaca. La alergia suele confirmarse mediante una retirada supervisada médicamente con la fórmula especial y una reintroducción posterior planificada por el profesional; un análisis de sangre por sí solo no la demuestra.

  • Fórmulas contra gases, cólicos o estreñimiento: faltan pruebas convincentes de que funcionen como prometen. Pregunta antes a tu pediatra.

  • Fórmula para prematuros: en los bebés nacidos antes de tiempo o con muy bajo peso, el equipo que los atiende decide la alimentación de forma individual.

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Esto no es leche para bebés

Por internet circulan recetas de «leche natural» para bebés, y en la nevera del supermercado hay leche de cabra y bebidas de avena que suenan más sanas que el polvo de un bote. Aquí hablamos de riesgos reales.

  • Leche de vaca, cabra, oveja o yegua sin modificar: ninguna leche animal tiene la misma composición que la leche materna. La leche de vaca contiene aproximadamente tres veces más proteína que la leche materna y más de tres veces más minerales. Los riñones tienen que eliminar ese exceso, se pierde más agua y, con fiebre o diarrea, puede aparecer una deshidratación peligrosa. Además, existe el riesgo de aportar pocos nutrientes importantes: la leche de vaca, por ejemplo, aporta poco hierro.

  • La fórmula infantil a base de leche de cabra es otra cosa: está autorizada en la UE y debe cumplir las mismas normas que la hecha a partir de leche de vaca. No previene alergias y no sirve en caso de alergia a la proteína de la leche de vaca, porque las proteínas son muy parecidas.

  • Bebidas vegetales de avena, almendra, soja, arroz u otras: en el primer año no sustituyen ni a la leche materna ni a la fórmula infantil. No aportan suficientes proteínas, vitaminas ni minerales, y pueden causar carencias y retrasos en el crecimiento. En la UE, las bebidas ecológicas no pueden enriquecerse con vitaminas. Además, las bebidas de arroz pueden contener cantidades relativamente altas de arsénico; el servicio de salud británico recomienda no dar bebidas de arroz como sustituto de la leche a niños menores de cinco años.

  • Fórmula infantil casera: las sociedades científicas desaconsejan claramente prepararla. Incluso una receta desarrollada hace años no cubre todas las necesidades de un bebé. Según la mezcla, pueden faltar nutrientes vitales como vitaminas, o puede haber demasiada proteína y energía. A esto se suma un riesgo higiénico que hace más probables las infecciones gastrointestinales.

  • Leche cruda, incluso la vendida como apta para consumo directo: puede contener gérmenes peligrosos como EHEC, salmonela o campylobacter y está prohibida para bebés y niños pequeños, también en las papillas.

Si el dinero aprieta: la leche de inicio más barata del supermercado cumple las mismas normas que la más cara de farmacia. Prepararla en casa ahorra por donde no toca. Y, por favor, nunca «estires» el polvo, es decir, no pongas menos polvo o más agua: una leche demasiado diluida puede provocar en los bebés una peligrosa falta de sodio, incluso con convulsiones. Si no te llega para comprar fórmula infantil, habla con tu pediatra o con los servicios sociales de tu ayuntamiento.

Que algo suene natural no significa que sea bueno para tu bebé.

¿Qué tipo os encaja?

Delante de la estantería, lo mejor es ir respondiendo estas preguntas por orden:

  1. ¿Hay un motivo médico para una fórmula concreta? Por ejemplo, una alergia a la proteína de la leche de vaca ya confirmada, una enfermedad por reflujo, una enfermedad metabólica o un nacimiento prematuro. Entonces elegís la fórmula que recomiende o prescriba la médica, y no la cambiáis sin consultarlo.

  2. ¿Hay alergias en la familia? Entonces, en la próxima ocasión, pregunta a tu pediatra si ya existe alguna fórmula infantil con efecto preventivo frente a la alergia confirmado. A día de hoy: no. Así que puedes elegir libremente.

  3. Para todos los demás: elige una leche de inicio (tipo 1). Sirve desde el nacimiento hasta el final del primer año. Si prefieres una con algo de almidón, también está bien.

  4. ¿En polvo o líquida, ecológica o convencional, de supermercado o de farmacia? Eso lo decides según vuestro día a día, vuestras convicciones y vuestro presupuesto. Los nutrientes y los límites legales están fijados por ley.

Y después: mantenedla. Si tu bebé bebe bien, moja pañales y crece, no hay motivo para cambiar de marca constantemente. Además, si cambias a menudo, es más difícil saber de dónde viene cualquier cambio.

¿Le sienta bien la leche?

Si una leche le «va bien» a tu bebé se ve con los días, no por una sola toma. Estas señales tranquilizan:

  • Pañales mojados: desde alrededor del quinto día de vida, al menos seis pañales mojados y pesados en 24 horas. Más adelante serán algo menos, pero más llenos; entre los 3 y los 12 meses suelen ser 4–6 al día. La orina clara es una buena señal.

  • Heces: en los bebés alimentados con biberón suelen ser más firmes que en los lactados al pecho, como mantequilla de cacahuete, y de color amarillento a marrón. El verde también es normal. En las primeras semanas suelen aparecer 1–4 veces al día; más adelante, normalmente 1–2 veces al día, y a veces solo cada dos días.

  • Regurgitación: que salgan una o dos bocanadas, hasta aproximadamente una cucharada de leche, al eructar o después de beber es frecuente y suele ser inofensivo, siempre que tu bebé esté contento y gane peso. Otra cosa es el vómito en proyectil: fuerte, en arco, a menudo tras varias tomas seguidas, normalmente en los dos primeros meses de vida (por ejemplo, por una estenosis del píloro). Eso debe verlo un profesional ese mismo día.

  • Estado general: un bebé que después de comer se relaja, entre tomas está despierto y curioso, y va creciendo con las semanas, está recibiendo lo que necesita. Tras el nacimiento, perder peso es normal; el peso del nacimiento suele recuperarse alrededor del día 10.º al 14.º de vida. Después, importa la evolución en la curva de la cartilla de salud de tu bebé, no una medición aislada. En las revisiones del niño sano en tu centro de salud lo explorarán a fondo y te preguntarán de forma específica por las tomas y la digestión.

Conviene prestar atención si las heces son duras y en bolitas, si aparecen sarpullido o ronchas después de beber, si hay moco o sangre en las heces, vómitos persistentes o si tu bebé no gana peso. Las reacciones alérgicas suelen aparecer entre minutos y dos horas después; en una alergia a la proteína de la leche de vaca, a veces no lo hacen hasta pasados tres días. En ese caso no cambies de fórmula por tu cuenta: haz que lo valoren. Por cierto, ya conoces una causa fácil de corregir de las heces duras: demasiado polvo en el biberón.

Ayuda mucho anotar durante unos días qué ha tomado tu bebé y cómo eran los pañales. En Moonsleep puedes registrar cada biberón con la cantidad y el tipo de alimentación (fórmula, leche materna u otro), apuntar los pañales como mojados o con heces y añadir, si hace falta, una nota como «envase nuevo». Si sois varias personas las que le dais de comer, todo el mundo ve la misma información. Así, cuando vayáis a la consulta, tendréis respuestas en vez de suposiciones.

Si una leche le sienta bien, tu bebé te lo muestra a lo largo de días, no con un solo biberón.

Cómo preparar el biberón

La fórmula en polvo no es estéril. Rara vez puede contener gérmenes como Cronobacter o salmonela, que no se multiplican en el polvo seco, pero sí rápidamente en la leche preparada y templada. Las infecciones son muy poco frecuentes, pero en los dos primeros meses de vida pueden ser graves. Si el biberón se prepara en el momento y se da enseguida, el riesgo en bebés sanos nacidos a término es extremadamente bajo. Hazlo así:

  1. Lávate las manos bien con jabón, bajo agua corriente templada. Y no prepares al mismo tiempo alimentos crudos en la encimera.

  2. Prepara el agua: usa agua fresca del grifo de agua fría y déjala correr hasta que salga claramente fría. En los primeros meses de vida, lo mejor es hervirla previamente; así lo recomienda el organismo alemán de evaluación de riesgos (BfR).

  3. Déjala enfriar: se mezcla templada. Una red alemana de salud infantil habla de 30 a 40 °C para evitar quemaduras; el organismo alemán de evaluación de riesgos considera suficiente aproximadamente 20 a 50 °C en bebés sanos nacidos a término. Sigue siempre la indicación de tu envase.

  4. Dosifica con exactitud: primero pon en el biberón limpio la cantidad de agua indicada y después el polvo. Llena el cacito incluido sin apretar y rasándolo con el dorso de un cuchillo limpio; no lo compactes ni lo dejes colmado. Usa solo el cacito de ese mismo envase, porque los tamaños varían.

  5. Ciérralo y agítalo hasta que el polvo se haya disuelto por completo.

  6. Comprueba la temperatura: pon unas gotas en la cara interna de tu muñeca. Deben notarse como mucho templadas, nunca calientes. Si la leche está demasiado caliente, enfría el biberón cerrado bajo el grifo de agua fría, lo más rápido posible y no más de unos 15 minutos. No pruebes la tetina con tu propia boca: así las bacterias que causan caries pueden pasar de tu boca a la de tu bebé.

  7. Dáselo pronto y tira los restos: el biberón debe darse dentro de las dos horas siguientes a su preparación. Lo que sobre después de la toma se tira; no se guarda ni se recalienta.

  8. Guarda bien el polvo: conserva el envase bien cerrado, en un lugar seco y protegido del calor. No dejes el cacito dentro del polvo; guárdalo aparte y limpio.

¿Qué agua sirve? El agua del grifo suele ser adecuada si es potable y su calidad está controlada. No sirve el agua de tuberías de plomo, del grifo de agua caliente o del calentador, la de filtros domésticos, la de un pozo privado no analizado o la de zonas con contenido elevado de uranio. En esos casos usa agua sin gas indicada como apta para preparar alimentos infantiles.

¿Y por qué no a 70 °C? La Organización Mundial de la Salud y, por ejemplo, el servicio de salud británico recomiendan mezclar el polvo con agua a al menos 70 °C. El organismo alemán de evaluación de riesgos lo valora de otra manera para bebés sanos nacidos a término en casa. En un biberón pequeño, el agua se enfría tan rápido que, de todos modos, no siempre se eliminan los gérmenes con seguridad. A cambio, aumenta el riesgo de quemaduras y la pérdida de nutrientes. Lo decisivo es prepararla en el momento, darla pronto y tirar los restos. En prematuros, bebés con menos de 2.500 g al nacer y bebés con defensas debilitadas, la médica decide el procedimiento de forma individual, a veces con fórmula líquida estéril.

Para la noche y para salir, el organismo alemán de evaluación de riesgos recomienda poner el polvo ya dosificado en biberones limpios y secos y tener agua hervida en un termo limpio y cerrado. Se mezcla solo justo antes de dar la toma, después de comprobar la temperatura del agua. En cambio, preparar leche de antemano, guardarla en la nevera o mantenerla caliente no es buena idea en casa: el almacenamiento se considera el punto más crítico para la higiene.

Cómo limpiar biberones y tetinas

Aclara el biberón y la tetina justo después de cada toma para que no se seque nada. Después, lávalos con agua caliente, lavavajillas y un cepillo para biberones, acláralos bien y déjalos secar, por ejemplo sobre un paño limpio. El lavavajillas también es una opción válida.

Sobre si además conviene hervirlos, las opiniones varían. Una red alemana de salud infantil considera que en casa no aporta un beneficio extra en biberones y tetinas de silicona. El organismo alemán de evaluación de riesgos, en cambio, recomienda, sobre todo en los primeros meses de vida, hervir además biberones, tetinas y cacitos al menos dos minutos en agua hirviendo o usar un esterilizador para biberones. Si quieres ir sobre seguro, hiérvelos durante los primeros meses. Las tetinas de látex son más porosas que las de silicona y, de todos modos, conviene hervirlas de vez en cuando o cambiarlas con más frecuencia.

¿Y cuál es el mejor biberón? No hay pruebas de que un tipo concreto de biberón o tetina sea superior. Los biberones sencillos y fáciles de limpiar suelen ser la opción más práctica.

Si los expertos no se ponen de acuerdo, puedes ir sobre seguro con toda tranquilidad.

¿Cuánta cantidad y cada cuánto?

La tabla de cantidades del envase es solo una orientación aproximada. Los bebés sanos pueden ajustar por sí mismos, dentro de ciertos límites, la cantidad que toman según sus necesidades, tanto con biberón como con pecho, si les dejamos. De eso trata precisamente la alimentación a demanda o responsive feeding:

  • Reconocer las primeras señales de hambre: tu bebé se inquieta, hace movimientos de búsqueda con la cabeza, abre la boca, saca la lengua o se mete los dedos en la boca. Llorar es una señal tardía de hambre; entonces muchas veces le cuesta más comer porque primero necesita calmarse.

  • Ofrecer, no meter a la fuerza: toca suavemente sus labios con la tetina. Si la coge por sí mismo, empezáis.

  • Semiincorporado y cerca de ti: ten a tu bebé en brazos, semiincorporado y ligeramente reclinado, con contacto visual; unas veces en el brazo derecho y otras en el izquierdo. La hamaca o la sillita del coche no son buenos lugares para darle el biberón.

  • Sujeta el biberón más bien horizontal: solo lo bastante inclinado para que la tetina esté justo llena de leche. Así tu bebé traga menos aire y la leche no sale demasiado deprisa.

  • Permite pausas: si suelta la tetina, gira la cabeza o deja de succionar, necesita una pausa o ya está saciado. Es momento de ayudarle a eructar; después puedes ofrecerle el biberón otra vez.

  • No hace falta que se lo termine: el biberón no tiene por qué quedar vacío, y tampoco conviene animarle a acabarlo. Los bebés saciados se relajan claramente, sueltan la tetina y algunos se quedan dormidos.

¿Por qué es importante? Porque también con el biberón se puede sobrealimentar a un bebé, y un aumento de peso demasiado rápido en la lactancia se relaciona con un mayor riesgo de sobrepeso más adelante. Si prestas atención a sus señales, conservará su sensación natural de hambre y saciedad.

Aun así, hay dos cosas que sí cuentan: en las primeras semanas, hasta que tu bebé haya recuperado su peso de nacimiento, por la noche no debería pasar más de unas cuatro horas sin comer; si hace falta, despiértalo con suavidad. Y si algunos días tiene más hambre, simplemente prepara un poco más de leche con la proporción correcta. Más polvo por la misma cantidad de agua no es la solución: sobrecarga el equilibrio de líquidos y los riñones.

Y una cosa más sobre la cercanía: los bebés se sienten más seguros cuando el biberón se lo dan sobre todo unas pocas personas de confianza. Aun así, dar de comer puede ser trabajo en equipo. Habla con todas las personas que os ayudan sobre lo que para ti es importante al dar el biberón, para que tu bebé coma de una forma parecida contigo, con tu pareja, con los abuelos o con la persona que lo cuide.

Como cantidad diaria aproximada hasta alrededor del sexto mes se consideran unos 150 ml por kilogramo de peso corporal; con 5 kg, por ejemplo, unos 750 ml. Los bebés no suelen tomar más de algo menos de 1 litro al día; si el tuyo toma con regularidad más que eso, coméntalo en la consulta de pediatría. En los primeros días de vida las cantidades son mucho menores y aumentan día a día: al principio unos 5–15 ml, hacia el día 3 unos 15–30 ml por toma. Entre los días 4 y 7 suelen ser 30–60 ml por toma, a menudo en 8–12 tomas en 24 horas.

Las cantidades por biberón del recuadro son orientativas, no una norma. Con el tiempo, los biberones se hacen más grandes y las tomas menos frecuentes: hacia el final del primer mes muchos bebés comen cada 3–4 horas; con 2–4 meses suelen hacer 5–7 tomas al día; con 4–6 meses, unas 4–6. Entre los 6 y los 12 meses, al principio suelen ser 4–5 tomas de leche y, cuando ya hacen tres papillas al día, 1–2.

Cantidades orientativas por biberón

Final del 1.er mes
90–120 ml
2–4 meses
120–180 ml
4–6 meses
150–210 ml
6–12 meses
180–240 ml

Tu bebé se sacia con la leche. La seguridad y el consuelo se los das tú.

El biberón por la noche

Muchos padres esperan que una leche concreta pueda hacer las noches más tranquilas. Es comprensible, sobre todo cuando a las tres de la madrugada ya te has levantado cuatro veces. La verdad es esta: no existe ningún tipo de leche que haya demostrado hacer que los bebés duerman del tirón. Que en los primeros meses se despierten varias veces por la noche es normal; hasta alrededor del sexto mes muchos siguen necesitando una o varias tomas nocturnas. En un estudio canadiense, a los seis meses todavía algo más de un tercio de los bebés no dormía seis horas seguidas; a los doce meses, todavía algo más de un cuarto. Y a los seis meses, más de la mitad aún no lograba dormir ocho horas seguidas.

  • No pongas papilla en el biberón: las papillas para beber, las comidas líquidas y los llamados biberones «de buenas noches» no son adecuados para los bebés, según una red alemana de salud infantil. La papilla va con cuchara. En biberón, un bebé toma fácilmente más de la cuenta, puede atragantarse con alimentos espesos y además perjudica a los dientes.

  • Nada de cereales, azúcar ni miel: los copos de cereales, el azúcar o la miel no tienen nada que hacer en el biberón de leche. Solo hay una excepción: cuando una médica recomienda expresamente espesar la leche por reflujo.

  • Nunca solo con el biberón: no apoyes nunca el biberón en un cojín para que tu bebé beba solo ni lo dejes en la cama con un biberón. Puede atragantarse con la leche.

  • No al chupeteo continuo: si tu bebé está todo el rato con el biberón en la boca, cuando le salgan los dientes estarán bañados constantemente en lactosa. Eso favorece la caries.

Para la noche va bien dejar preparado el biberón con el polvo dosificado y el termo con agua hervida, como hemos explicado antes. Al darle de comer, mantén un ambiente tranquilo y en voz baja, sin jugar, y después del eructo vuelve a acostar a tu bebé en su cama. Así la noche sigue siendo noche para los dos.

Alimentación complementaria y primer cumpleaños

En algún momento entre el comienzo del quinto mes y el comienzo del séptimo, tu bebé mostrará que está preparado para la cuchara. Sostiene la cabeza, se mantiene sentado con algo de ayuda y se interesa por vuestra comida. Ya no empuja la papilla con la lengua de forma refleja. Aun así, la leche sigue siendo durante todo el primer año la fuente más importante de alimento y líquidos. Así va cambiando el biberón con el tiempo:

  • Con cada comida completa de papilla desaparece una toma de leche. Las demás siguen siendo biberones de vuestra leche de inicio habitual.

  • Para la papilla de leche y cereales puedes usar hasta unos 200 ml de leche de vaca al día o la fórmula infantil habitual.

  • Con las comidas de papilla, ve ofreciendo poco a poco un poco de agua en vaso abierto.

  • Entre el décimo y el duodécimo mes, tu hijo o hija irá comiendo cada vez más en la mesa familiar. Entonces ya puede tomar leche de vaca en vaso o taza en comidas como el desayuno y la cena, por ejemplo un vaso por la mañana y otro por la noche. A esa edad, la leche para beber ya no debería darse en biberón.

  • A los niños pequeños se les recomiendan tres raciones de leche o lácteos al día. Para eso no hace falta una leche especial infantil.

Alrededor del primer cumpleaños, la etapa del biberón ya puede ir terminando poco a poco. La leche de inicio habrá cumplido su función hasta el final, sin necesidad de pasar a la de continuación ni a la de crecimiento.

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Preguntas frecuentes

¿Puedo cambiar de marca de leche de inicio?

Sí. Todas las leches de inicio de la UE deben cumplir los mismos requisitos legales, y según lo que se sabe hasta ahora, cambiar de marca no perjudica. Pero normalmente tampoco aporta ninguna ventaja. Si a tu bebé le va bien su leche, lo mejor es mantenerla. Si cambias, por ejemplo porque la vuestra esté agotada, sigue la dosificación del nuevo envase y usa su cacito, porque el tamaño de las medidas y las proporciones de mezcla cambian. Si sospechas que una fórmula no le sienta bien a tu bebé, habla primero con tu pediatra en lugar de hacer varios cambios por tu cuenta.

Mi bebé ya no se queda saciado. ¿Puedo poner más polvo?

No. Poner más polvo con la misma cantidad de agua hace la leche demasiado concentrada: tu bebé recibe menos líquido, eso sobrecarga el equilibrio de líquidos y los riñones, puede favorecer el estreñimiento y, a la larga, llevar a una sobrealimentación. Poner demasiado poco polvo es incluso peligroso: una leche diluida aporta demasiado pocos nutrientes y puede provocar una falta de sodio con riesgo incluso de convulsiones. Si tu bebé tiene más hambre, simplemente prepara un poco más de leche con la proporción indicada. Y no todo quejido después del biberón es hambre: a veces tu bebé necesita eructar, contacto o sueño.

Si toma biberón, ¿mi bebé también necesita vitamina D y flúor?

Vitamina D, sí: todos los bebés reciben desde el nacimiento, por lo general a partir de la segunda semana de vida, 400 a 500 unidades internacionales al día, tanto si toman pecho como si toman fórmula infantil. Solo con la alimentación no reciben suficiente, por eso también se da el comprimido a los bebés alimentados con biberón. Los nacidos en otoño o invierno la toman durante unos 18 meses; el resto, 12 meses. Con el flúor hay dos opciones: o seguir con un comprimido que combine vitamina D y flúor, en cuyo caso los primeros dientes se cepillan sin pasta fluorada, o bien, desde el primer diente, dar un comprimido solo de vitamina D y cepillar dos veces al día con una cantidad de pasta infantil con 1.000 ppm de flúor del tamaño de un grano de arroz. Nunca las dos cosas a la vez. Si el agua de preparación contiene 0,3 miligramos de flúor por litro o más, no se da comprimido de flúor. Ese dato lo conoce la empresa suministradora de agua y, en el agua mineral, aparece en la etiqueta. Lo mejor es comentar cuál es la opción adecuada con tu pediatra en la próxima revisión del niño sano.

¿Puedo calentar el biberón en el microondas?

Mejor no. El microondas calienta los líquidos de forma desigual. Pueden quedar puntos muy calientes que quemen la boca y la garganta, aunque por fuera el biberón parezca solo templado. Además, la fórmula en polvo recién preparada ya está a temperatura de toma. Si necesitas calentar algo, por ejemplo leche materna extraída, usa un calientabiberones o coloca el biberón en un recipiente con agua caliente, no hirviendo. Antes de darlo, pon siempre unas gotas en la muñeca: como mucho templadas, nunca calientes. Y la fórmula infantil que hayas preparado antes no se recalienta: se tira.

¿A partir de cuándo puede tomar leche de vaca normal?

Como bebida, hacia el final del primer año de vida, cuando ya participa en las comidas familiares. Mejor en vaso o taza, en comidas como el desayuno y la cena, por ejemplo un vaso por la mañana y otro por la noche. Antes de eso, la leche de vaca sí puede usarse en pequeñas cantidades en la papilla: hasta unos 200 ml al día en la papilla de leche y cereales. Como bebida principal no es adecuada en el primer año, entre otras cosas porque el bebé aprovecha mal el hierro que contiene. Usa solo leche pasteurizada o UHT, nunca leche cruda. Tampoco después hace falta una leche especial infantil o de crecimiento.

Mi bebé regurgita después de casi todos los biberones. ¿Necesitamos una fórmula especial?

Normalmente no. Muchos bebés devuelven un poco de leche durante o después de comer en el primer año de vida, y en general mejora solo con el tiempo. Mientras tu bebé esté contento y gane peso bien, a menudo basta con esto: mantenerlo incorporado al darle de comer y después, hacer pausas para eructar, no insistir en que siga bebiendo y comprobar si el orificio de la tetina es demasiado grande. Si tu bebé vomita verde o con sangre, acudid inmediatamente a urgencias pediátricas. Si vomita en proyectil, rechaza las tomas, no gana peso o parece muy inquieto y molesto, debe verlo un profesional ese mismo día. La fórmula espesada solo se usa por indicación médica.

Presta atención

Llama de inmediato al 112 si tu bebé, después de comer, respira mal, respira con silbidos o hace pausas respiratorias, si los labios o la piel se ponen azules o grises, si tiene una convulsión, si se le hinchan los labios, la lengua o la cara, o si está muy decaído y apenas se le puede despertar.

Ve de inmediato a urgencias pediátricas si tu bebé vomita verde o verde amarillento, vomita sangre o algo parecido a posos de café, tiene heces como jalea de frambuesa y además llora de forma intensa por episodios y se pone pálido, tiene la barriga hinchada y dura y además vomita, tiene menos de tres meses y 38 °C o más (rectal) o menos de 36 °C, o si muestra signos claros de deshidratación: lleva unas ocho horas sin mojar un pañal, tiene la fontanela hundida, la boca seca o está inusualmente somnoliento.

Haz que lo vea un profesional ese mismo día —tu pediatra o, fuera del horario de tu centro de salud, las urgencias de atención primaria de tu zona— si tu bebé:

  • tiene sangre en las heces o vomita en proyectil

  • rechaza repetidamente el biberón o no retiene nada de lo que toma

  • bebe menos de la mitad de la cantidad habitual durante varias tomas

  • tiene la barriga hinchada o dolorosa a la presión, aunque no vomite

  • tiene heces muy pálidas, grises o blanquecinas; si la cartilla de salud de tu bebé trae una tabla de colores de las heces, compáralas con ella

  • le salen ronchas o sarpullido después de beber

Pide cita en los próximos días si tu bebé no gana peso, regurgita mucho y parece inquieto, o lleva varios días con heces duras. En caso de duda, mejor llamar una vez antes de tiempo que demasiado tarde.

Moonsleep ofrece orientación, no consejo médico. Se basa en guías clínicas y fuentes expertas, verificadas con la base de datos de referencia de Moonsleep.