¿Tu hijo lleva meses durmiéndose solo al pecho, en brazos o en el carrito en movimiento, y por la noche te despierta tantas veces que ya has perdido la cuenta? Llega un momento en que aparece la pregunta de si conviene cambiar algo… y de si tu bebé está realmente preparado para ello. Aquí te contamos en qué señales fijarte, qué debería estar en orden antes y qué caminos suaves existen sin dejar a tu hijo llorar solo.
Lo esencial
- Como muy pronto
- unos 6 meses
- Despierta de noche
- de media, 1 vez
- Llorar solo
- no hace falta
- A quién consultar
- pediatra
La polémica del «sleep training»
Pocos temas sobre bebés generan debates tan intensos. Para algunas personas, «sleep training» suena a un bebé llorando solo en una habitación a oscuras hasta quedarse dormido de puro agotamiento. Para otras, es simplemente un plan para que toda la familia vuelva por fin a dormir. Pero bajo esa misma expresión se esconden cosas muy distintas:
Dejar llorar: se acuesta al bebé, se cierra la puerta y nadie vuelve hasta que se duerme. Los especialistas lo llaman extinción. No recomendamos este camino.
Checking, a menudo llamado «método Ferber»: los padres salen de la habitación y vuelven a intervalos fijados, por lo general cada vez más largos: por ejemplo, a los cinco, luego a los diez y después a los 15 minutos. El consuelo, en cada ocasión, es breve.
Método de la silla: te quedas en la habitación mientras se duerme, le consuelas si lo necesita y, a lo largo de muchas noches, te vas alejando poco a poco. En los estudios se llama «camping-out».
Ritmo y ritual: ajustar los tiempos despierto, la hora de dormir y la rutina de la noche para que tu hijo llegue a la cama con el sueño suficiente y relajado.
Cuando aquí hablamos de acompañamiento del sueño, nos referimos sobre todo a los dos últimos puntos: caminos en los que sigues estando disponible, consuelas a tu hijo cuando te necesita y, aun así, le ayudas poco a poco a lograr más por sí mismo. No se trata de entrenar, sino de acompañar.
También las recomendaciones de los especialistas suenan distintas. El organismo alemán de salud pública desaconseja claramente dejar llorar a los bebés por la noche: en los primeros meses de vida todavía no pueden salir solos de un estado de gran agitación; necesitan consuelo, y eso no los malcría. En cambio, la guía clínica alemana sobre trastornos emocionales en bebés y niños pequeños considera, según los estudios disponibles, que el checking es la opción de primera elección en los verdaderos problemas para dormirse y mantenerse dormido. Eso sí, subraya que no encaja con todas las familias.
En realidad, esto se contradice menos de lo que parece: se habla de edades distintas, de problemas de distinta intensidad y, sobre todo, de lo que encaja con vosotros.
Por qué no antes de los 6 meses
En los primeros meses de vida, tu bebé ya tiene bastante con su propio sueño. Antes de poder «aprender» nada, primero tienen que madurar muchas cosas:
Su reloj interno todavía se está formando. La coordinación entre el reloj biológico y la presión de sueño se desarrolla durante el primer medio año. Tras unas semanas, el sueño suele hacerse poco a poco más regular, pero no es hasta alrededor de los seis meses cuando la luz del día y la oscuridad empiezan a marcar de verdad el ritmo de vigilia y sueño.
Los tramos largos de sueño nocturno aún se están construyendo. Hasta más o menos el sexto mes, ni siquiera empieza a formarse un periodo más largo de sueño continuado. Hasta entonces, es completamente normal que un bebé se despierte por la noche al menos una vez y quiera tomar leche; y después, para muchos bebés, también sigue siendo normal. En la segunda mitad del primer año, los bebés se despiertan de media aprox. una vez por noche; hasta tres veces sigue entrando dentro de lo normal.
Empezar antes no aporta beneficios. Una revisión sistemática no encontró pruebas de que los programas de sueño en los primeros seis meses de vida beneficien a los bebés o a las madres. Los autores incluso advierten de posibles efectos no deseados: más llanto, destete más temprano, más ansiedad en las madres y, si además se pretende que el bebé duerma solo en su propia habitación, un mayor riesgo de muerte súbita del lactante.
Hasta el diagnóstico tiene una edad mínima. Según los criterios habituales, los especialistas no hablan de un problema para dormirse antes de los seis meses, ni de un problema de despertares nocturnos antes de los ocho meses; y aun así, solo si el problema lleva al menos cuatro semanas ocurriendo la mayoría de las noches y os afecta de forma clara.
¿Significa eso que antes no puedes hacer nada? Sí puedes. Una rutina tranquila durante el día, un ritual corto por la noche y, a partir de alrededor de los cuatro meses, acostar de vez en cuando a tu bebé somnoliento pero aún despierto son opciones perfectamente válidas. Lo que todavía no necesita es un programa con reglas fijas.
Si tu bebé nació prematuro, en todo lo relacionado con el sueño cuenta con la edad corregida hasta alrededor de los dos años, es decir, desde la fecha probable de parto. Un bebé que nació dos meses antes de tiempo, con ocho meses de vida tiene, según este cálculo, seis meses.
Y algo muy importante: seis meses no son un pistoletazo de salida. Muchas familias nunca necesitan un plan, porque el sueño se ordena solo o porque los despertares nocturnos les resultan llevaderos. La edad solo indica a partir de cuándo un cambio puede tener sentido, no a partir de cuándo toca hacerlo.
Primero, revisa la base
Antes de cambiar hábitos de sueño, merece la pena hacer una revisión sincera: muchas veces, solo con eso el problema ya se hace más pequeño.
Tu hijo está sano. Con una infección o con dolor no es momento de introducir novedades. También las alergias, la dermatitis atópica o algunas intolerancias pueden alterar el sueño. Si tu hijo ronca fuerte con regularidad, respira con esfuerzo visible mientras duerme o hace pausas respiratorias, consúltalo en la consulta de pediatría. Y además: los medicamentos para dormir o tranquilizar no son una solución. Nunca des melatonina ni gotas sedantes por tu cuenta, y la miel está prohibida durante el primer año de vida, tampoco en el chupete.
Tu hijo crece bien y se queda satisfecho. ¿Gana peso adecuadamente? ¿Toma suficiente leche y comida durante el día? Más abajo hablamos de lo que eso puede significar para las tomas nocturnas. Si no lo tienes claro, coméntalo con tu pediatra, por ejemplo en la revisión del niño sano de tu centro de salud hacia los 6 meses o hacia el año.
El ritmo diario encaja con su edad. Un niño al que se intenta acostar demasiado pronto aún no tiene suficiente presión de sueño. Uno que ha estado despierto demasiado tiempo llega pasado de vueltas. Ambas situaciones, por la noche, suelen parecerse: protesta. Los valores orientativos del recuadro de abajo ayudan a situarlo.
El lugar donde duerme es seguro y agradable. Cama propia, saco de dormir, oscuridad, calma y una temperatura más bien fresca: más abajo encontrarás los detalles en el recuadro «Dormir seguro».
En casa estáis en una etapa tranquila. Mudanza, vacaciones, inicio de la guardería o la llegada de un hermano: en momentos así, los niños suelen necesitar especialmente mucha cercanía. Mejor dejar los cambios grandes para unas semanas más calmadas.
Estáis de acuerdo y os queda algo de energía. Todas las personas que cuidan de tu hijo por la noche deberían conocer el plan y apoyarlo: un camino que solo sigue uno de vosotros resulta difícil de entender para el niño. Y las primeras noches suelen hacerse largas.
Como orientación: entre los seis y los doce meses, los bebés suelen dormir en total aprox. 12–16 horas en 24 horas; entre uno y dos años, aprox. 11–14 horas. En las horas nocturnas de estos rangos ya se cuentan los despertares breves. Algunos niños necesitan bastante menos y otros más; lo importante es si tu hijo está bien durante el día.
Resumen de los valores orientativos a partir de los seis meses: son rangos, no obligaciones.
A los 6 meses: aprox. 2–3 h despierto del tirón, 2–3 siestas, por la noche aprox. 10,5–11,5 h.
A los 9 meses: aprox. 2,5–3,5 h despierto del tirón, normalmente 2 siestas, por la noche aprox. 11–12 h.
A los 12 meses: aprox. 3–4 h despierto del tirón, 1–2 siestas, por la noche aprox. 11–12 h.
A los 18 meses: aprox. 4–5,5 h despierto del tirón, 1 siesta al mediodía, por la noche aprox. 11–12 h.
Hora de dormir: normalmente entre las 18:00 y las 19:30 h durante el primer año; después, entre las 18:00 y las 20:00 h, según la hora a la que se despierte.
Tiempo para dormirse: de media, aprox. 20 min. Si tarda mucho más, a menudo es que aún no tiene sueño o que ya está demasiado cansado.
Tiempo despierto seguido desde los 6 meses
- A los 6 meses
- 2–3 h
- A los 9 meses
- 2½–3½ h
- A los 12 meses
- 3–4 h
- A los 18 meses
- 4–5½ h
Cuándo puede tener sentido cambiar algo
No estás sola: según una guía clínica alemana, los problemas para dormirse y mantenerse dormido afectan a alrededor del 20 al 30 % de los niños pequeños, y casi una de cada tres familias con un hijo menor de tres años se preocupa en algún momento por su sueño. Aun así, no existe un límite a partir del cual tengáis que cambiar algo sí o sí: lo decisivo es cómo estáis vosotros. Estas señales apuntan a que un cambio podría veniros bien:
Estás al límite de forma sostenida. No solo cansada después de una mala noche, sino agotada desde hace semanas, irritable y quizá también desanimada. Es un motivo importante. En un estudio australiano, dos de cada tres madres con síntomas depresivos claros tenían un bebé con problemas de sueño; la relación puede funcionar en ambas direcciones. Si ni siquiera puedes dormir cuando tu bebé duerme, eso puede ser una señal de depresión o de trastorno de ansiedad posparto. En ese caso, ya no se trata solo del sueño del bebé: coméntalo con tu matrona o tu médico de familia del centro de salud.
Acostarle se alarga muchísimo. Tu hijo necesita regularmente bastante más de media hora para dormirse, aunque la hora de dormir y el ritual nocturno encajen. De media, los bebés y niños pequeños se duermen en unos 20 minutos.
La ayuda para dormir ya se te ha hecho demasiado pesada. Llevarlo en brazos durante horas, dar vueltas en coche, ofrecerle el pecho a cada suspiro: mientras a ti te funcione, todo eso está bien. Si te desgasta o nadie salvo tú puede encargarse, puede ser buen momento para cambiar algo.
Tu hijo se despierta a menudo y le cuesta volver a dormirse, aunque está sano, ha comido suficiente y su ritmo encaja con su edad. No hablamos de uno o dos despertares breves, sino de noches en las que, durante semanas, pasa largos ratos despierto una y otra vez o solo logra seguir durmiendo con mucha ayuda.
Tu hijo parece excesivamente cansado durante el día. Los niños pequeños no suelen mostrar falta de sueño bostezando, sino con quejidos, mal humor y unas ganas de moverse fuera de lo habitual.
Una sociedad científica alemana del sueño propone una autoevaluación rápida: ¿tu hijo suele necesitar 30 minutos o más para dormirse o para volver a dormir por la noche? ¿Llama la atención mientras duerme, por ejemplo por ronquidos fuertes? ¿Durante el día está bien? ¿Cuánto tiempo pasa delante de pantallas? (en menores de tres años, los especialistas alemanes recomiendan a ser posible nada). ¿Y sientes que su forma de dormir te afecta? Las respuestas no son un diagnóstico, pero sí te orientan sobre si se trata más bien de ritmo y hábitos o si convendría una mirada profesional.
¿Y cuándo no hace falta cambiar nada? Cuando vuestra vida cotidiana funciona, aunque otras personas cuenten que su bebé ya duerme del tirón. En un estudio canadiense, según la definición empleada, entre el 28 y el 57 % de los bebés de seis y de doce meses todavía no dormían por la noche seis u ocho horas seguidas. Eso no se relacionó ni con su desarrollo mental o motor ni con el estado de ánimo de sus madres. Solo hubo una diferencia clara: los bebés que dormían del tirón mamaban bastante menos. Así que, si tu hijo amamantado se despierta más por la noche, es algo frecuente y, por sí solo, no es una señal de alarma. Y a los nueve meses, aproximadamente uno de cada cuatro bebés se despierta más de dos veces por noche.
Tu bebé no hace nada mal cuando te llama por la noche. Y tú tampoco, si anhelas un poco de descanso.
Qué dice la investigación
Sobre los métodos de sueño basados en la conducta hay sorprendentemente muchos estudios. Estos son los hallazgos más importantes, en resumen:
Funcionan, al menos durante algunos meses. Un grupo de trabajo de la sociedad científica estadounidense de medicina del sueño analizó 52 estudios. En el 94 % de ellos, los métodos ayudaron, y más del 80 % de los niños tratados durmieron claramente mejor después, durante un periodo de tres a seis meses.
Las familias también salen ganando. En un gran estudio australiano, las familias cuyo bebé dormía mal a los siete meses recibieron entre los ocho y los diez meses un breve asesoramiento en un servicio público de apoyo a familias. Después, los bebés tuvieron menos problemas de sueño y sus madres menos síntomas depresivos; esto último seguía apreciándose incluso cuando los niños tenían dos años.
No se encontraron daños a largo plazo, pero tampoco ventajas duraderas. Cinco años después, cuando los niños tenían alrededor de seis años, se volvió a evaluarlos. En emociones, conducta, estrés, sueño y relación con los padres no hubo diferencias respecto a los niños cuyas familias no habían recibido ese asesoramiento.
También se midieron hormonas del estrés y apego. En un estudio pequeño y cuidadosamente controlado con 43 bebés de entre seis y 16 meses, ni el checking ni retrasar temporalmente la hora de acostarse elevaron los niveles de estrés en la saliva. Un año después, los niños presentaban apego seguro con sus madres con la misma frecuencia que en el grupo de comparación.
No encajan con todo el mundo. La guía clínica alemana recoge que muchos padres se muestran reservados o directamente contrarios a este tipo de métodos, y que alrededor del 20 al 30 % de las familias que los prueban de forma estructurada no obtienen suficiente beneficio. Los niños más ansiosos parecen responder peor a los métodos con mayor separación física. Y a los padres a los que el llanto de su hijo les desborda especialmente les suele costar más sostenerlos.
Para ser honestos, también hay que decirlo: muchos estudios se basan en lo que cuentan los padres, y los propios investigadores piden mediciones más objetivas. La mayoría de estos trabajos se hicieron con niños sanos, muchos de ellos en la segunda mitad del primer año o más tarde. Y «no se encontró daño» no significa que cualquier método se sienta bien para cada niño y cada madre.
Por qué aquí damos prioridad a los caminos suaves: la guía clínica alemana describe expresamente también una forma de actuar en la que los padres permanecen en la habitación y se retiran solo poco a poco, y existen programas eficaces para familias sin dejar llorar al bebé. A veces estos caminos requieren más paciencia. A cambio, para muchas familias son más llevaderos y respetan lo que los bebés necesitan: cercanía cuando están alterados. Por eso no recomendamos dejar llorar solo a un bebé sin consuelo.
No haber encontrado daños no significa que cualquier método le siente bien a cualquier familia.
Camino 1: ritmo y ritual
Suena poco llamativo, pero a menudo es el paso más eficaz. En un estudio con algo más de 400 familias, los bebés y niños pequeños de entre siete meses y tres años se dormían más rápido y se despertaban menos veces y durante menos tiempo ya después de dos semanas con un ritual fijo por la noche; además, mejoró el estado de ánimo de las madres. En ese estudio, el ritual consistía en baño, masaje o crema y un rato tranquilo de mimos, y fue financiado por un fabricante de productos de cuidado personal; aun así, sus resultados encajan con el resto de la investigación. Además, una encuesta a madres de más de 10.000 niños de hasta cinco años en 13 países y regiones mostró que, cuanto más regular era el ritual, mejor dormían los niños.
Cómo crear un ritual que de verdad sostenga
Corto y siempre igual: unos 30 minutos, cada noche en el mismo orden. Por ejemplo: última toma, cambio de pañal y pijama, cepillado de dientes, un cuento o una canción, vuestra frase de buenas noches, luz fuera.
La leche, al principio: si tu hijo hasta ahora se dormía mientras tomaba pecho o biberón, coloca la toma al comienzo del ritual en vez de al final. Después vienen el cepillado de dientes, el cuento y la cama. Así va viviendo, poco a poco, que beber y dormirse pueden ser dos cosas distintas.
La última hora, tranquila: luz tenue, nada de juegos movidos, nada de pantallas. Así tu hijo puede ir bajando revoluciones poco a poco.
A la cama somnoliento, pero aún despierto: la American Academy of Pediatrics lo recomienda a partir de alrededor de los cuatro meses, y otros organismos especializados también. Al principio puedes dejarle la mano sobre la barriguita y seguir tarareando bajito.
Mismos horarios y mucha luz natural: mantener una hora regular para acostarse y levantarse, idealmente también el fin de semana, y exponerlo a luz natural intensa por la mañana ayuda al reloj biológico a distinguir el día de la noche.
Si aun así dormirse lleva una eternidad, muchas veces no es un problema de tu hijo, sino de timing: sencillamente, aún no tiene suficiente sueño. En ese caso, puede ayudar acostarlo temporalmente más tarde; en lenguaje técnico se llama «Bedtime Fading». En el estudio con 43 bebés, redujo claramente el tiempo que tardaban en dormirse. El método actúa sobre el horario, no sobre dejar llorar. Así se hace:
Durante una semana, apunta a qué hora se duerme realmente tu hijo por la noche, no a qué hora lo acuestas.
Fija de momento la hora de dormir en esa hora real. Si normalmente no se duerme hasta las 20:15 h, empieza el ritual de forma que esté en la cama hacia las 20:00 h.
Si durante varias noches seguidas se duerme en unos 20 minutos, adelanta la hora de dormir 10–15 minutos y mantenla así unas cuantas noches más.
Así os vais acercando poco a poco a la hora que queréis, que durante el primer año suele estar en algún punto entre las 18:00 y las 19:30 h. Si por la mañana os levantáis más tarde, también puede ser algo más tarde. La hora de despertarse, eso sí, se mantiene fija, incluso después de una noche tardía.
También ocurre lo contrario: si tu hijo permanece despierto mucho más allá de su tiempo habitual de vigilia, a menudo no se cansa más, sino que se acelera. Entonces, a veces la solución es acostarlo antes. Tu registro os enseñará hacia qué lado va vuestro caso.
Si tarda una eternidad en dormirse, muchas veces no es por tu hijo, sino por el momento en que lo acuestas.
Camino 2: reducir las ayudas para dormirse
Sea al pecho, en brazos o fuera de casa: los bebés se duermen como saben hacerlo, y eso es completamente normal. Lo complicado viene porque todos los niños se despiertan varias veces por la noche durante unos instantes, normalmente en el paso de un ciclo de sueño a otro. En bebés y niños pequeños, esos ciclos duran solo aprox. 45–60 minutos. Si al despertarse todo es distinto de como era al dormirse, tu hijo pedirá justo la ayuda con la que se quedó dormido.
La idea de este camino es no quitarlo todo de golpe, sino ir haciendo esa ayuda un poco más pequeña, en pasos cortos. Cada paso se mantiene el tiempo necesario hasta que os resulte bien a ambos. Algunos ejemplos:
Si tu hijo solo se duerme al pecho o con biberón: termina la toma en cuanto succione más despacio y empiece a cerrársele los ojos, y acuéstalo adormilado: una mano en la barriguita, un tarareo suave. Si protesta mucho, puedes volver a ofrecerle el pecho un momento. Con el tiempo, podrá hacer esos últimos minutos hasta dormirse sin tomar leche. Con el biberón, retíralo en cuanto solo esté succionando por consuelo y nunca se lo dejes en la cama: succionar del biberón de forma continuada perjudica los dientes.
Si solo se duerme en brazos o meciéndolo: reduce el balanceo en tiempo e intensidad: primero mecelo andando, luego de pie con un balanceo suave y después sentado, solo sosteniéndolo. En algún momento lo acostarás adormilado y te quedarás con la mano encima hasta que se duerma.
Si necesitas tumbarte con él para que se duerma: siéntate junto a la cama en su lugar y dale la mano hasta que se duerma. Ese es el comienzo del método de la silla.
Por la noche ayuda una «escalera de consuelo». No todos los despertares necesitan de inmediato toda la intervención posible. Según la American Academy of Pediatrics, es normal que un bebé de seis meses se despierte por la noche y, pasados unos minutos, vuelva a dormirse solo. La sociedad alemana de pediatría aconseja no reaccionar al instante ante cada despertar, y los especialistas alemanes en apoyo a familias recomiendan dar a cada niño solo la ayuda que realmente necesita en ese momento. Puede ser algo así:
Espera un momento y escucha: ¿tu hijo solo se queja medio dormido o se ha despertado de verdad?
Voz suave, tarareo, una palabra de sueño que le resulte familiar, sin encender la luz grande.
Ponerle la mano encima, acariciarlo con suavidad o darle palmaditas rítmicas.
Cogerlo en brazos hasta que se calme y volver a acostarlo cuando esté somnoliento.
Pecho o biberón, si de verdad tiene hambre.
Solo subes un escalón si el anterior no basta. Si tu hijo está muy alterado, puedes pasar directamente arriba en cualquier momento; en niños a los que les cuesta mucho calmarse, a menudo es la mejor opción. Y un llanto repentino y agudo que suene a dolor o a miedo significa siempre: ve enseguida. No se trata de ahorrar consuelo, sino de dar a tu hijo la oportunidad de manejar por sí mismo los escalones de abajo.
Camino 3: el método de la silla
El método de la silla es la forma más conocida de retirada gradual, y también aparece descrito en la guía clínica alemana: primero te sientas junto a la cama, luego te vas alejando poco a poco durante varios días y, al final, sales de la habitación. Detrás hay una idea bonita: tu hijo siente la seguridad de no estar solo. Y tú ganas confianza para creer que puede dar el siguiente paso.
Así puede ser en la práctica
Las primeras noches: la silla pegada a la cama. Después del ritual, acuestas a tu hijo despierto, decís vuestra frase de buenas noches y te sientas a su lado. Puedes acariciarlo, darle la mano y tararear bajito. Si llora con intensidad, cógelo en brazos hasta que se calme y vuelve a acostarlo.
Después de algunas noches: la silla un poco más lejos. Ahora te sientas más o menos a mitad de camino hasta la puerta. Seguir consolando está permitido, sobre todo con la voz. Puedes levantarte siempre que tu hijo te necesite; después vuelves a sentarte.
Más adelante: la silla en la puerta. Sigues visible y audible, pero ya no a su alcance.
Al final: fuera de la puerta. La puerta queda entreabierta y tú permaneces a distancia de oído. Llega un momento en que sales después de la frase de buenas noches y vuelves si tu hijo te llama.
Vosotros decidís cuánto dura cada fase. Como regla general: avanzad solo cuando la fase actual haya funcionado bien dos o tres noches seguidas. Y no pasa nada por dar un paso atrás si en medio aparece una infección o un salto del desarrollo. Si tu hijo duerme en vuestro dormitorio, en el último paso simplemente sales de la habitación y vuelves a tu hora de acostarte; no hace falta una habitación infantil propia para seguir este camino.
Qué suele ayudar
Manteneros amables, pero un poco aburridos: voz baja, luz tenue, nada de jugar, nada de móvil. Por la noche tu hijo no necesita entretenimiento, sino calma y la sensación de que estás ahí.
Por la noche, igual que al acostarse: si tu hijo se despierta, tú te sientas en el lugar que toque en esa fase. Así experimenta siempre lo mismo.
Practicar pequeñas separaciones durante el día: para los niños, dormirse también es una despedida de ti. A quien durante el día vive que mamá o papá se van un momento y vuelven de forma fiable —jugando al cucú-tras o quedándose un rato con la abuela—, a menudo le resulta más fácil soltarse por la noche.
Un objeto de consuelo a partir del primer cumpleaños: para los más pequeños, un peluche pequeño o un trapito de apego puede facilitar la transición. Pero durante el primer año, la cama debe permanecer libre de objetos blandos.
Tu hijo siente que no está solo. Y tú aprendes a confiar en que puede dar el siguiente paso.
Pecho, biberón y noche
Muchos padres se preguntan si «se puede» seguir dando de comer por la noche. La respuesta corta es: sí. Aunque las sociedades alemanas de pediatría y de medicina del sueño parten de que, por norma general, los bebés sanos mayores de seis meses ya no necesitan una toma nocturna, esa es una afirmación sobre necesidad nutricional, no una invitación a destetar: la OMS recomienda mantener la lactancia junto con la alimentación complementaria hasta los dos años y más allá, y para muchas familias la lactancia nocturna forma parte de ello. No tienes por qué dejarla mientras a los dos os funcione.
Ayuda mirar más de cerca: ¿tu hijo toma de verdad, durante un rato y con calma? ¿O solo da unas cuantas succiones y se vuelve a dormir enseguida? En el segundo caso, el pecho o el biberón funcionan más como ayuda para dormirse que como comida. Cuanto mayor se hace tu hijo, menos probable es que el hambre sea la causa del despertar.
Si quieres reducir las tomas nocturnas, hazlo con suavidad
Procura que durante el día tome suficiente leche y, según la edad, alimentación complementaria, para que empiece la noche bien satisfecho.
Ve una toma cada vez, no todas a la vez.
Acorta la toma poco a poco o prepara algo menos de cantidad en el biberón, en lugar de quitarla de un día para otro. Menos significa solo menos cantidad. La fórmula se dosifica siempre exactamente como indica el envase y la leche nunca se diluye.
Si es posible, que la otra figura de referencia se encargue de consolar por la noche. Así el pecho ni siquiera está al alcance.
Para el biberón nocturno, ten agua hervida en un termo limpio y mezcla el polvo justo antes de dárselo. No mantengas la leche preparada caliente y tira siempre las sobras.
Si el pecho se te pone tenso al desaparecer una toma, extrae a mano solo la leche necesaria para sentir alivio y aplica frío. Sacarte el pecho hasta vaciarlo suele estimular más la producción. Si aparece una zona dura, enrojecida y dolorosa, con fiebre o sensación de gripe, consulta con un profesional sanitario.
Si tu hijo no gana peso bien, está enfermo o tienes dudas, comenta las tomas nocturnas en la consulta de pediatría.
Vuestro plan, paso a paso
Muchas veces, menos es más: si cambiáis todo a la vez, al final no sabréis qué ha ayudado. Podéis hacerlo así:
Observar: durante una o dos semanas, apunta cuándo se duerme tu hijo, cuándo se despierta, cuándo toma leche y come y qué le ha ayudado por la noche. Los especialistas recomiendan este tipo de registro del sueño porque una noche aislada puede variar mucho. Da igual si lo hacéis en papel o en una app como Moonsleep, donde puedes registrar sueño y tomas con un toque: lo importante es que anoten todas las personas que cuidan de tu hijo.
Ajustar la base: orientad la hora de dormir, los tiempos despierto y el ritual nocturno según los valores de referencia y mantenedlo así alrededor de una semana. A veces, solo con eso el problema ya se reduce.
Elegir un solo cambio: o bien reducir una ayuda para dormirse o bien empezar con el método de la silla. Muchas familias comienzan por la noche al acostarse; otras prefieren practicar primero durante el día, con la primera siesta, cuando todos están más descansados.
Manteneros constantes: dadle a cada fase unas cuantas noches. Que una noche salga mal entre medias es normal y no significa que no esté funcionando.
Hacer balance al cabo de unas dos semanas: ¿tu hijo se duerme más rápido? ¿Os despertáis menos veces o durante menos tiempo? ¿Lo notas más equilibrado durante el día? También cuentan los avances pequeños. Si no cambia absolutamente nada, quizá ese camino no es el adecuado o hay algo más detrás.
¿Está enfermo, le están saliendo los dientes o estáis de viaje? Entonces haced una pausa. Un niño enfermo necesita toda la cercanía que necesite, y en los días posteriores a una vacuna también puede pedir más. Con la dentición suelen ser solo unos días: en un estudio grande, las molestias se concentraron entre los cuatro días previos y los tres días posteriores a la salida del diente. Lo importante es volver después a vuestra rutina antes de que la excepción se convierta en la nueva costumbre.
Cuándo conviene parar: haced una pausa o retroceded un paso si tu hijo vomita de puro nerviosismo, entra en pánico y apenas logra calmarse ni siquiera en brazos, o si durante el día lo notas claramente más miedoso, más pegado a ti o con menos apetito. Y también si a ti te hace sentir que algo no va bien.
Si sois dos, acordad antes qué haréis si vuestro hijo llora, quién se encarga de qué noches y cuándo vais a sentaros a valorar cómo va.
Acompañar significa estar ahí mientras tu hijo consigue algo nuevo.
Vuestra familia, vuestros valores
La forma en que duermen los niños también tiene mucho de cultura. La guía clínica alemana describe los patrones de sueño como una combinación de expectativas culturales, circunstancias de vida, ideas de crianza y temperamento del niño. En algunas familias es completamente normal dormir a un niño pequeño al pecho; en otras, con un año ya duerme en su propia habitación. Despertarse por la noche sigue siendo normal, y la necesidad de cercanía forma parte de cada niño desde el nacimiento.
Según esa guía, el sueño solo necesita tratamiento cuando perjudica de forma duradera y profunda al niño o a la familia. Todo lo que queda antes de ese punto es decisión vuestra. No hay ninguna competición para ver qué hijo se duerme solo antes. Y nadie debería decirte cuánta cercanía «debe» recibir tu hijo por la noche, ni en un sentido ni en el otro.
Eso sí, hay un límite que no tiene nada que ver con el estilo de crianza: un lugar seguro para dormir. Durante el primer año de vida, lo más seguro es que tu bebé duerma en su propia cuna o en una cuna sidecar dentro de vuestro dormitorio.
Dónde podéis pedir ayuda
Hay cosas que se pasan solas y otras que no: los trastornos reales del sueño a menudo continúan hasta la edad escolar si no hay orientación. Pedir ayuda no es ningún fracaso, y no hace falta esperar a estar completamente desesperados. En España, la atención en tu centro de salud es gratuita en la sanidad pública:
Tu pediatra: puede valorar si detrás del mal sueño hay una causa física y conoce recursos especializados cerca de vosotros. No hace falta esperar a la próxima revisión del niño sano.
Si hace falta, un especialista: en España no hay consultas específicas para bebés que lloran mucho, pero tu pediatra puede orientarte también cuando bebés y niños pequeños duermen muy mal y, si hace falta, derivaros a un especialista. Suele empezar con una conversación detallada y una exploración, y recibiréis consejos concretos. Si acudís a un servicio privado, preguntad antes por los posibles costes.
Tu centro de salud y los servicios sociales: la matrona y la enfermera de pediatría de tu centro de salud también asesoran gratis a familias con niños pequeños. Si el sueño marca vuestro día a día y necesitáis más apoyo, pueden poneros en contacto con los servicios sociales de tu ayuntamiento.
Línea de ayuda para familias: en España, el Teléfono ANAR de la Familia (600 50 51 52) es gratuito y atiende a madres, padres y cuidadores preocupados por un hijo: alguien os escucha y orienta. Fuera de España, buscad el servicio de vuestro país.
Si tú no estás bien emocionalmente: las crisis psicológicas alrededor del nacimiento son frecuentes, y esto también incluye a los padres: aproximadamente uno de cada diez vive una depresión en ese periodo. Tu matrona o tu médico de familia del centro de salud son muy buenos primeros contactos. Si estás en crisis, en España puedes llamar al 024 (gratuito, las 24 horas) o al Teléfono de la Esperanza (717 003 717).
Si sientes que vas a perder los nervios: deja a tu hijo en un lugar seguro, por ejemplo en la cuna, sal un momento de la habitación y respira hondo. Vuelve a mirarlo cada pocos minutos y pide ayuda. No zarandees nunca a tu bebé: puede causarle daños graves y permanentes. Díselo también a cualquier persona que lo cuide. Si ya ha ocurrido o temes que alguien haya zarandeado a tu hijo, llévalo de inmediato a urgencias del hospital más cercano o llama ya al 112, aunque al principio parezca estar bien.
Podéis tomaros vuestro tiempo
Si cambiáis algo, cuándo lo hacéis y cómo, lo decidís vosotros. Empezad por la base: salud, saciedad, un ritmo acorde a su edad y un ritual nocturno que a tu hijo le guste. Muy a menudo, solo con eso ya se hace todo más fácil.
Y si dais un paso más, que sea a vuestro ritmo y de una manera con la que tú sigas sintiéndote tú. Tu hijo no solo aprende a dormirse solo. También aprende que estás ahí cuando te necesita. Y ambas cosas encajan perfectamente.
Preguntas frecuentes
¿A partir de cuándo puedo empezar con el sleep training?
Como muy pronto, a partir de alrededor de los seis meses; en bebés prematuros, según la edad corregida. Antes, el reloj interno y el ritmo de sueño todavía están madurando, y una revisión sistemática no encontró beneficios de los programas de sueño en los primeros seis meses de vida. Aun así, antes puedes hacer muchas cosas útiles: una rutina tranquila durante el día, un ritual corto por la noche y, a partir de alrededor de los cuatro meses, acostarlo de vez en cuando somnoliento pero todavía despierto. Y además: seis meses no es una fecha en la que tengas que empezar. Muchas familias nunca necesitan un plan.
¿Perjudica el método Ferber el vínculo con mi hijo?
Con los datos actuales, no hay pruebas de ello. En los estudios no se encontraron ni niveles más altos de estrés ni un apego más inseguro, y tampoco cinco años después, cuando los niños tenían alrededor de seis años, hubo diferencias en emociones, conducta o relación con los padres; eso sí, tampoco se vieron beneficios duraderos. Además, la guía clínica alemana subraya que el método no encaja con todas las familias y que algunos niños responden peor. Por eso aquí damos prioridad a los caminos suaves, en los que te quedas en la habitación y sigues estando disponible. Qué camino os encaja lo decidís vosotros.
¿Tiene que dormir del tirón con un año?
No. En investigación, «dormir del tirón» puede significar, según el estudio, entre cinco y ocho horas seguidas; a veces basta con dormir de medianoche a las 5:00 h. Muchos niños lo consiguen antes del primer cumpleaños, pero ni mucho menos todos. Aun así, seguir despertándose brevemente entra dentro de lo normal: entre el primer y el segundo cumpleaños, los niños se despiertan de media casi una vez por noche, y algunos más. Lo importante es si después pueden volver a dormir y cómo lo lleváis vosotros. Por cierto, que un niño duerma o no del tirón no dice nada sobre su desarrollo.
¿Puedo seguir durmiendo a mi hijo al pecho?
Sí. Si a vosotros os funciona, no hay ningún motivo para cambiarlo. Solo conviene tener en cuenta una cosa: un niño que se duerme al pecho suele volver a buscar el pecho cuando se despierta por la noche. Si quieres cambiar eso, coloca la toma al principio del ritual nocturno y termínala poco a poco un poco antes, antes de que tu hijo se haya dormido del todo. Que por la noche siga necesitando tomas o no depende de su edad y de cómo vaya creciendo. Si tienes dudas, consúltalo en la consulta de pediatría.
¿Qué pasa si mi pareja y yo no estamos de acuerdo?
No pasa nada grave: muchas veces, uno lleva peor el llanto y el otro está más cansado. Hablad primero del objetivo, no del método: ¿queréis que acostarlo lleve menos tiempo? ¿Poder turnaros por la noche? ¿Retirar una ayuda concreta para dormirse? Después, elegid un camino con el que ambos podáis vivir y probadlo juntos durante dos semanas. Si no conseguís poneros de acuerdo, puede ayudar hablarlo con vuestro pediatra o con la enfermera de pediatría de vuestro centro de salud.
¿Cuánto tarda en notarse mejoría?
Depende mucho. En un estudio, los niños ya dormían mejor después de dos semanas con un ritual fijo por la noche. La retirada gradual con el método de la silla suele necesitar más tiempo, porque cada fase se mantiene unas cuantas noches. Piensa más en semanas que en días y mide el éxito por vuestro objetivo, no por una noche perfecta. Si al cabo de dos o tres semanas no cambia nada o incluso estáis peor, haz que tu pediatra valore a tu hijo y buscad apoyo: si hace falta, os derivará a un especialista.
Cuándo consultar
Haz que valoren el sueño de tu hijo en la consulta de pediatría si…
… ronca fuerte con regularidad, respira con esfuerzo visible mientras duerme o hace pausas respiratorias.
… no gana peso bien, bebe o come llamativamente poco o parece tener dolor con frecuencia.
… la fiebre dura más de tres días.
… los problemas de sueño continúan durante semanas a pesar de todos vuestros esfuerzos y os están afectando mucho.
… un niño que antes dormía bien de repente duerme claramente peor: entonces lo primero es pensar en una enfermedad, por ejemplo en los oídos.
… tu hijo nació prematuro y tuvo problemas respiratorios o tiene una enfermedad de base. En ese caso, comentad cualquier cambio de sueño con un profesional antes de ponerlo en marcha.
Tu hijo necesita ayuda médica inmediata, en una urgencia llamando ya al 112, si respira con dificultad, tiene los labios azules o grises, hace pausas respiratorias con cambio de color o flacidez, tiene manchas en la piel que no desaparecen al presionarlas con un vaso, cuesta mucho despertarlo, está apático, rechaza beber, tiene una convulsión o notas algo claramente distinto a lo habitual. Fuera del horario de tu centro de salud, ve a las urgencias de atención primaria de tu zona o a urgencias pediátricas del hospital.
Y en cuanto a ti: si desde hace semanas te sientes vacía y sin esperanza, o tienes pensamientos de hacerte daño a ti o a tu hijo, busca ayuda de inmediato: en España, en la Línea 024 (gratuita, las 24 horas), en las urgencias de tu zona o, si hay peligro inmediato, llamando ya al 112.
Moonsleep ofrece orientación, no consejo médico. Se basa en guías clínicas y fuentes expertas, verificadas con la base de datos de referencia de Moonsleep.






